Tasa de ahorro = (ingresos − gastos) / ingresos. Si ganas 2.500 € y gastas 2.000 €, ahorras el 20 %.

Es más potente que la rentabilidad porque actúa por dos lados a la vez: subirla aumenta lo que acumulas y reduce el patrimonio que necesitas, porque el objetivo se calcula sobre tu gasto. Pasar del 15 % al 30 % no divide el plazo por dos; lo recorta más.

Es también más controlable. No puedes decidir la rentabilidad de los mercados el año que viene, pero sí puedes decidir el coste de tu vivienda, tu coche y tus suscripciones. La rentabilidad es una esperanza; la tasa de ahorro es una decisión.