El presupuesto habitual funciona así: cobras, gastas, y ahorras lo que queda. Como lo que queda es una variable residual, casi siempre queda poco. Págate a ti primero invierte el orden: la transferencia al ahorro sale el mismo día de la nómina, y vives con el resto.
Funciona por dos razones y ninguna es aritmética. La primera es que elimina la decisión repetida, que es donde el sesgo del presente hace su trabajo. La segunda es que el gasto se ajusta al dinero disponible casi por sí solo, un fenómeno bastante robusto: la mayoría de la gente que automatiza un 10 % no lo echa de menos a los tres meses.
La versión avanzada es escalarlo: subir el porcentaje automático cada vez que suben los ingresos, antes de que la costumbre reclame el aumento.
