La aportación periódica consiste en invertir la misma cantidad cada mes, pase lo que pase. Cuando el mercado baja, esa cantidad compra más participaciones; cuando sube, compra menos. El precio medio pagado acaba siendo más bajo que la media de los precios.

Su virtud principal, sin embargo, no es matemática, sino conductual: convierte una decisión difícil y repetida —¿es buen momento?— en una transferencia automática que no requiere ninguna decisión. Elimina la parte del proceso en la que se pierde más dinero.

Un matiz honesto: si ya tienes una cantidad grande en efectivo, la historia dice que invertirla de golpe suele batir a repartirla, simplemente porque el mercado sube más veces de las que baja. Repartirla es peor de media y mucho mejor si la alternativa realista era no invertir nunca.