El interés compuesto aparece cuando no retiras lo que tu dinero ha ganado. Los intereses, dividendos o plusvalías se reinvierten y pasan a formar parte del capital que genera el siguiente rendimiento.
La diferencia con el interés simple es pequeña el primer año y enorme a treinta. Con una rentabilidad media del 7 % anual, 10.000 € se convierten en unos 19.700 € a diez años, 38.700 € a veinte y 76.100 € a treinta. Nada cambia en la aportación: lo único que cambia es el tiempo que se le ha dejado actuar.
Por eso el horizonte temporal es la variable más poderosa —y la única que no se puede comprar más tarde—. Un año de retraso no cuesta un año de rentabilidad: cuesta el año más valioso, que es el último.
