Casi todo el mundo prefiere 100 € hoy a 110 € en un mes, y a la vez prefiere 110 € en trece meses a 100 € en doce. La preferencia se invierte según la distancia, lo que significa que no es una preferencia coherente: es un descuento desproporcionado del futuro.
Aplicado al dinero, es el motor de casi todas las decisiones que luego se lamentan: la compra a plazos, el aplazamiento del primer aporte, el "empiezo a invertir el año que viene". Y es especialmente caro con el interés compuesto, porque el año que se pospone es el que más habría trabajado.
Como no se corrige con voluntad, se corrige con arquitectura: automatizar la transferencia el día de la nómina, subir el porcentaje al recibir un aumento y poner fricción donde está el impulso. Una decisión tomada una vez vence a una decisión tomada cada mes.
