Después de una subida de sueldo del 20 %, el gasto sube casi siempre un 20 %. El coche mejora, el piso mejora, las vacaciones mejoran, y a los dos años la sensación de holgura es exactamente la de antes, con una diferencia importante: ahora el nivel de vida requiere más dinero para sostenerse.
Ahí está el doble coste. No solo no ahorraste el aumento: has subido el patrimonio que necesitarás para ser independiente, porque ese objetivo se calcula sobre tu gasto anual. Cada 100 € de gasto mensual permanente añaden unos 30.000 € al número.
El antídoto no es austeridad, es asignación anticipada: decidir el reparto de la próxima subida antes de recibirla —por ejemplo, la mitad al ahorro automático y la mitad a vivir mejor—. Elegido de antemano, es una decisión. Elegido después, ya lo eligió la costumbre.
