Dos jubilados con la misma rentabilidad media a lo largo de treinta años pueden acabar en situaciones opuestas si el orden de esos años fue distinto. Quien sufre una caída del 30 % en el año dos, mientras retira dinero, vende participaciones a precios bajos y reduce de forma permanente el capital que puede recuperarse. Quien la sufre en el año veinticinco apenas lo nota.

Es la razón por la que la fase de retiradas no es simplemente la acumulación al revés. En acumulación, una caída temprana es una oportunidad: compras más barato. En retiradas, es un daño irreversible.

Las defensas habituales son tener dos o tres años de gasto en activos estables, aceptar recortar el gasto en los años malos, y no empezar a retirar justo con la cartera más agresiva de tu vida.