Un fondo indexado compra todas las empresas de un índice —el S&P 500, el MSCI World— en la proporción que marca ese índice, y no toma ninguna decisión más. No hay gestor eligiendo valores, y por eso el coste es una fracción del de un fondo activo.
La razón por la que esto funciona no es que la indexación sea inteligente, sino que es aritméticamente difícil de batir. Todos los inversores juntos son el mercado; el rendimiento medio antes de costes es el del mercado, y después de costes es el del mercado menos las comisiones. Un producto que cobra 0,20 % parte con una ventaja estructural sobre uno que cobra 1,50 %, y esa ventaja se compone año tras año.
Lo que un fondo indexado no hace es protegerte de las caídas: si el índice cae un 35 %, tu fondo cae un 35 %. Su ventaja es el coste y la amplitud, no la estabilidad.
