Diversificar no significa tener muchas cosas: significa tener cosas que no fallan al mismo tiempo. Diez acciones del mismo banco no diversifican nada; un fondo global con tres mil empresas de cuarenta países sí.
La diversificación no aumenta la rentabilidad esperada. Lo que hace es reducir la probabilidad de un resultado catastrófico, y eso importa porque una pérdida del 100 % en una posición no se recupera con una ganancia del 100 % en otra. Es un seguro contra estar equivocado, y todos lo estamos alguna vez.
El caso extremo es el riesgo de concentración que casi nadie cuenta: si tu sueldo, tus acciones y tu plan de pensiones dependen de la misma empresa, tienes una cartera de un solo activo con tres nombres distintos.
