La distribución de activos es la respuesta a "¿qué porcentaje en acciones y qué porcentaje en bonos?". Los estudios clásicos atribuyen a esa decisión la mayor parte de la variabilidad de los resultados de una cartera a lo largo del tiempo: mucho más que la elección de valores concretos.

Una cartera 80/20 y una 40/60 no son versiones más o menos ambiciosas de la misma cosa. Son dos experiencias distintas: la primera puede caer un 35 % en un año malo, la segunda alrededor de un 18 %. Ambas cifras son normales, y la pregunta relevante no es cuál rinde más, sino cuál puedes sostener sin vender.

Por eso el porcentaje correcto depende más de tu horizonte y de tu tolerancia real —no la declarada— que de ninguna previsión de mercado.