Con el tiempo, una cartera 70/30 deja de serlo: si las acciones suben mucho, se convierte en un 80/20 sin que hayas decidido nada. Rebalancear es venderla parte que se ha pasado y comprar la que se ha quedado corta, hasta volver a los porcentajes que elegiste.

Su función principal es control de riesgo, no rentabilidad: evita que la cartera se vuelva más agresiva justo después de una buena racha, que es cuando más se parece a una buena idea y menos lo es.

Es también la operación psicológicamente más incómoda de la inversión, porque obliga a vender lo que va bien y comprar lo que va mal. Por eso funciona mejor como regla mecánica —una vez al año, o cuando una posición se desvíe más de cinco puntos— que como decisión discrecional.