Kahneman y Tversky lo midieron: perder 100 € duele cerca del doble de lo que agrada ganar 100 €. No es debilidad de carácter, es cómo evalúa resultados el cerebro humano por defecto.

Sus consecuencias en la inversión son casi todas caras. Explica por qué se venden las buenas inversiones en las caídas —la única acción que convierte una pérdida temporal en definitiva—, por qué se conservan durante años posiciones perdedoras esperando "volver a cero", y por qué mucha gente con cuarenta años de horizonte mantiene una cartera demasiado conservadora.

La defensa no es sentirlo menos, porque no se puede. Es diseñar el sistema para que la emoción no tenga botones que pulsar: aportaciones automáticas, revisiones poco frecuentes y una regla de rebalanceo escrita antes de que llegue la caída.