El fondo de emergencia es la única parte de tus finanzas donde la rentabilidad es irrelevante. Su función es disponibilidad: estar entero, accesible en 24 horas y no depender del estado del mercado el día que se rompe la caldera o se acaba un contrato.
La referencia habitual es de tres a seis meses de gastos, pero lo que realmente lo determina es la estabilidad de tus ingresos. Un funcionario con dos sueldos en casa puede vivir con tres meses; un autónomo con un cliente principal debería pensar en nueve o doce.
Su mayor beneficio no aparece en ninguna hoja de cálculo: es lo que permite que el resto de la cartera se comporte a largo plazo. Sin colchón, una avería de 2.000 € se convierte en una venta forzada o en una deuda al 20 %, y ahí es donde se pierde el dinero de verdad.
